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        DARWIN, WALLACE, TEILHARD DE CHARDIN... ¿LOVELOCK?
R E T R A N S M I S I Ó N
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I M Á G E N E S
Imagen
Invitación conferencia
D O C U M E N T O S
- Tríptico del ciclo de conferencias "200 años del nacimiento de Darwin"

Duración: 02:45 hs.
Idioma: Español

Ponente: Manuel Toharia

Una más de las actividades que con motivo de la celebración del 200 aniversario del nacimiento de Darwin y del 150 aniversario de la publicación de "El origen de las especies", tendrán lugar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales.

¿Qué pueden tener en común estas cuatro personalidades de la ciencia?
En el caso de Darwin y Wallace la aproximación es obvia: en lo temporal y, sobre todo, en la curiosa coincidencia de dos grandes observadores de la Naturaleza a la hora de obtener conclusiones sobre lo que, en sus viajes, ambos por separado habían llegado a imaginar acerca de la evolución de las especies.
Teilhard vivió más o menos medio siglo más tarde; de hecho fue contemporáneo casi calcado de Einstein. Conoció y admiró a Wallace, conoció y estudió la obra de Darwin, pero sobre todo fue un magnífico geólogo en un periodo de plena revolución de esa ciencia, que comenzaba a basar su estudio del pasado en la aun discutida teoría de la deriva continental de Wegener. La inteligencia de Teilhard y su origen aristocrático le hicieron abrazar con el mayor entusiasmo todas aquellas novedades, con un intento racional, y por eso mismo quizá contradictorio, de adaptarlo a lo que el dogma religioso del cristianismo predicaba.
El mismo problema tuvieron, no hay duda de ello, Darwin y Wallace, cada uno por su lado. El rechazo de los religiosos de su época no les arredró, pero les llenó de confusión y pena, porque eran profundamente creyentes. Teilhard lo era aun más, ya que se hizo jesuita y, a pesar de los muchos obstáculos que hubo de afrontar, siguió siéndolo cada vez más fervorosamente hasta el punto de conseguir, con su tesón, que al final de su vida la Iglesia Católica aceptara su interpretación, quizá por comodidad pero, sobre todo, por no volver a vivir episodios fanáticos del tipo de Galileo y su “eppur si mueve”.
Gracias a Teilhard, los católicos de hoy aceptan sin reticencias (¿sin reticencia?…) la idea de la evolución y la realidad de un Universo con más de 13.000 millones de años de antigüedad, en el que la Tierra apareció hace 4.500 millones de años y la vida nació en los mares convulsos de aquel primitivo planeta casi mil millones de años después, para evolucionar hasta lo que hoy llamamos Biosfera.

¿Y Lovelock? Es un visionario, sin duda, que tras una vida fecunda como médico pero sobre todo como inventor de artilugios electrónicos que le resultaron sumamente útiles, por ejemplo, a la NASA, ideó ya en la madurez tardía su famosa teoría Gea, según la cual toda la vida en la Tierra se comportaba como un auténtico ser vivo superior, bautizado con el nombre griego de la diosa de la Tierra. ¿Qué tiene que ver con los anteriores? Bueno, Lovelock se apoya esencialmente en la evolución darviniana para explicar mediante qué mecanismos esa Gea superviva es capaz de asegurar su propia existencia al margen de las variaciones de las condiciones ambientales hostiles a las que se enfrenta desde su aparición. Y seguirá haciéndolo porque es lo único que sabe hacer. Se parece, de manera un poco más romántica e idealista, a las tesis de Dawkins sobre el gen egoísta.

¿Y Teilhard? El jesuita llegó a sus ideas globales sobre la evolución compatible con el dogma a través de una especie de Noosfera, similar a la Gea de Lovelock, pero sustentada no tanto en lo que evoluciona biológicamente (¿el gen egoísta una vez más?) como en la evolución de lo más noble del ser humano, ese espíritu ligado al alma que Dios infunde en nosotros al margen de la evolución estrictamente biológica. La Noosfera de Teilhard y la Gea de Lovelock están, pues, por encima de las propias leyes biológicas estrictas… Aunque probablemente Lovelock, y muchos otros, no piensen que necesitan a Dios para nada en ese esquema. La Noosfera se parece bastante a la idea de los memes y la memética, en contraste con los genes y la genética.
Quizá falte la relación de todo esto con Einstein. En la alocución de apertura de un simposio sobre "Ciencia y Sintesis" en 1966, el director general de UNESCO decía: “Las obras de Einstein y Teilhard… constituyen sin duda alguna, cada una a su manera, los sistemas de conocimiento más extensos y densos a la vez que se hayan concebido. Basta con constatar que ningún afán de síntesis fuera jamás tan ambicioso en el campo de la ciencia.” Aquel acto de la UNESCO tuvo lugar a los once años del fallecimiento de ambos, acaecidos con un lapso de ocho días, en abril de 1955.
¡Vaya quinteto de lumbreras! Hoy Darwin y Einstein son famosísimos, Wallace bastante menos, Teilhard es casi un desconocido y Lovelock… fue amado y reverenciado por los mismos que ahora le insultan por defender la energía nuclear.
Sic transit gloria mundi… También en el mundo de la ciencia.



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